11ª Escena
El ambiente de ésta se desarrolla en la plaza donde Marcos y sus amigos solían ensayar los pasos para el gran baile. En el seno de la escena, el protagonista habla consigo mismo para auto desahogarse, reflexiona sobre el antes y el después de la enfermedad, y entonces, le sucede algo inesperado, un simple hecho, que le hace sentirse más inútil de lo que solo se imaginaba.
MARCOS: Y aquí estoy, postrado en una estúpida silla de ruedas. En realidad, si analizo la situación sin ser tan negativo, tampoco estoy tan mal. El haber ido a la televisión me ha dado fuerzas. Fuerzas para seguir adelante con esto. Aunque la enfermedad siga su corso, y poco a poco vaya avanzando, yo estoy bien, y supongo que es lo más importante ¿no? Mm… en realidad estoy hecho un lío, para que engañarme. Me siento bien, pero no puedo valerme por mi mismo. A todas horas tengo que depender de alguien, y me siento inútil, como nunca me había sentido. ¿Y que decir del baile? Mi gran sueño. ¿Y ahora que? No podré bailar como lo hacía antes, no podré sentirme vivo en cada movimiento. No se que más…
(La escena es interrumpida por el golpe de Marcos. Nuestro protagonista tropieza distraído y cae de la silla. Unos pequeños que jugaban a la pelota en esa misma plaza, lo ven y se ríen a carcajadas de él, pero una señora que regresa de la compra lo ve e inmediatamente le sirve su ayuda.)
MARCOS: ¡Pff! Estúpida silla… (Marcos se muestra triste y avergonzado, no levanta la cabeza)
SEÑORA: ¿Esta usted bien hijo? Espera, que te ayudo en un momento.
MARCOS: No, no se preocupe, yo puedo sólo. De veras. (Marcos intenta desde el suelo agarrar la silla para hacer fuerza y levantarse, pero vuelve a caerse. En este momento, se siente peor que nunca al comprobar que jamás podrá valerse por sí solo.)
SEÑORA: ¡Anda, anda, estate quieto! No te preocupes tú, que para mi no es molestia ayudar, sino un placer.
(La señora coloca en pie la silla a un lado, agarra los brazos de Marcos, lo impulsa hacia arriba, y lo coloca con delicadeza.)
SEÑORA: ¿Ves? Ya esta, no era tan costoso. ¿Te encuentras bien? ¿Quieres que llame a alguien para que venga a recogerte?
MARCOS: No, ya ha hecho demasiado usted por mí. No quiero molestarla más, puedo volver a casa sólo, vivo por aquí cerca. (Marcos miente para que la amable señora se marche, no quiere seguir siendo una molestia.)
SEÑORA: Esta bien muchacho, ten más cuidado, ¿de acuerdo? Adiós. (La señora le sonríe amablemente con compasión. Siente lastima por él.)
MARCOS: Vale, lo tendré desde luego. Muchas gracias de nuevo, y adiós. Que tenga un buen día. (Sonríe en señal de agradecimiento.)
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